Cuando acompañas a otros en la enfermedad te confrontas contigo misma. En sus fortalezas ves las tuyas y en sus "wrongdoing", también. Y muchas veces te preguntas, ¿si uno hubiese hecho o dejado de hacer, si hubiese tomado otro tipo de decisiones, "dónde" se encontraría hoy, con qué dudas tendría que confrontarse diferentes o parecidas?. Y la respuesta siempre es la misma. En el mismo lugar. En ese lugar en el que solo puedes y debes aceptar "los precios" de tus acciones y, confiar, en que hayas sido capaz de desarrollar en ti la sufiente compasión y bondad que te permita sostener esas dudas más allá de las certezas.
RSB
"La inocencia solo puede ser sabiduría en un mundo sin maldad"
Entiendo perfectamente que en el hundimiento del Titanic hubiese algunos locos que se dedicasen a tocar y escuchar música en los últimos instantes de su vida. Escuchar determinadas canciones o a determinados músicos te hace sentir en casa, a salvo, sin preocupaciones. Siempre me pasó con el Jazz. Me puedo imaginar en medio de una guerra o en medio de una catástrofe natural escuchando Jazz y sintiéndome en paz.
Con las navidades me pasa lo mismo. De niña, como todos los niños, la esperaba con emoción. Pero no solo por los regalos y las vacaciones del colegio, también por la nieve, por la música, por la luz en la niebla, por películas como Un cuento de Navidad, Qué bello es vivir o El maravilloso mundo de los hermanos Grimm; por las nuevas posibilidades que se intuían en un año nuevo después de, quizás, "un año de mierda". Había muchas cosas que influían para que esa época se sintiese como un paréntesis en lo que en ese momento transcurría en mi vida. No creo que sea casualidad que mi hija decidiese llegar a este mundo...en el día de Navidad.