Vivimos en tiempos de "relato", pero de "relato chungo". Hubo un tiempo en que "el cuento" era una forma de "parábola"; una manera de explicar verdades profundas, principios morales con palabras sencillas, para que así fuesen comprendidas y pudiesen llegar a un mayor número de personas. Una curva con puntos equidistantes a una recta. Pero hemos perdido la recta y giramos como sociedad como una peonza sin rumbo. Encontrar la flecha que marca el camino se ha convertido en ¿Dónde esta Wally?. Imposible...no...pero muy entretenido. No apto ni para impacientes ni para cardiacos ni para maquiavélicos.
No hay nada en este mundo que me despierte más la ira que el que se aproveche la vulnerabilidad y la necesidad para conseguir intereses espurios. Que se utilice la ingenuidad, el miedo y la enfermedad para dirigir "el relato" hacia lo que "a mí me beneficia pero no beneficia a todos". Que se emplee la técnica de distracción de "mirar el dedo en vez de mirar la luna". Que se den respuestas básicas como, "sí o no" "buenos o malos" "blanco o negro" "rojos o azules", a preguntas complejas, muy complejas, que dependen de múltiples factores e incógnitas. Incógnitas que hay que despejar UNA A UNA si realmente se pretende resolver el problema.
Así que en estos días lo único que le he podido decir a mi hija es "por sus frutos los conocerás". "Mira lo que deja tras de sí una persona con sus actos y/o palabras, escucha lo que eso despierta en tu corazón (NO en tu emoción), lo que provoca y moviliza en tu interior, y cotéjalo con tu PROPIO sistema de valores, con lo que para ti es importante". Porque el qué y el cómo siempre estarán supeditados al quién. Hay personas que han venido a este mundo a generar confrontación, caos y desunión, y tienen, y deben de tener, su tiempo y su espacio para ejercer su función; pero no todo vale para todos en todo momento, ni el caos debe de ser la herramienta de la que tirar cuando hay escasez de generosa creatividad o cuando "el fantasma de las navidades pasadas" llega a nuestras vidas a rendir cuentas y preferimos decir, como Ebenezer Scrooge, "paparruchas".
Ojalá que ella y otros como ella entiendan que este mundo enfermo ya no tiene curación (aunque siga confiando en nuestra sanación). Es el mundo en el que yo he crecido y del que me siento en parte responsable. Y es el mundo en el que permaneceré hasta el final de mi tiempo en él. Pero NO ES EL UNICO MUNDO en el que vivir. Se pueden construir nuevos mundos internos y nuevas formas de vida; no deben dejarse llevar por políticos manipuladores, científicos iluminados o por tecnócratas deshumanizados que lo único que pretenden es arrastrarlos al abismo Helm en un intento vano de instrumentalizar la inocencia en aras de asegurar su propia supervivencia. Me he dedicado toda la vida a tratar de sanar, aliviar y a acompañar y creo saber distinguir cuando ha llegado el momento en el que el acompañamiento es el único recurso que queda en el ciclo vital de un ser humano o de...una civilización.
RSB











