https://youtu.be/WSfBL3YAP3s?si=_uDU7RhoclslSqQg
"He imaginado tantas veces mi muerte que temo no estar a la altura cuando llegue. Envidio a los agónicos que tienen la calma y el talento de pronunciar una frase histórica. Me encanta la adjudicada a Voltaire, cuando la enfermera le preguntó en el lecho de muerte si quería renegar de Satanás: "Creo que no es el momento de procurarnos nuevos enemigos", respondió el autor de Tratado sobre la tolerancia. O la de Mark Twain: "Prefiero el paraíso por el clima, y el infierno por la compañía".
Imaginar la muerte es una manera de estar vivo, de ser consciente del regalo cotidiano de abrir los ojos, de exprimir el disfrute de las conversaciones y las comidas. Es la solemnidad de vivir basada en la asunción de la finitud de la que hablaba Stefan Zweig, un experto en tránsitos: No basta con pensar en la muerte, sino que se debe de tener siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre".
PENSION LOBO. Habitación número 13.
RAMON LOBO
Ed. Península