Noche,
un gatito negro que desearía ser casero pero que no puede por destino y nacimiento,
me trajo hoy,
cautivo entre sus dientes,
un soplo de alas doradas.
Y me decía,
sin querer desprenderse,
"toma, es un presente".
Lo recibí entre mis manos
con los ojos sellados
y la cabeza ladeada.
Froté y froté su cuerpecito aún caliente
y sentí cómo
la hoguera crecía y se elevaba.
Lo dejé dormido sobre la rama de un árbol.
Soñé que volaba.
RSB