Ayer me compartía la amiga de mi vecina, mujer de 80 años muy comprometida con la reivindicación del feminismo como muchas otras de su quinta hacia las que siento una profunda gratitud, lo contenta que se sentía de ver mujeres en televisión y en otros ámbitos con roles que hace pocos años estaban asignados solo a hombres, como puede ser, un, dos, tres....responda otra vez, "periodista deportivo". Y yo me quedé por unos segundos con una expresión congelada en la cara que no quería ser despectiva pero tampoco condescendiente. "Bueeeno, siiii...., es verdad pero". Siempre un pero.
Y no es que la cosa no haya avanzado, si esa es la palabra adecuada, es que la cosa...todavía...ni es. Personalmente no tengo nada en contra de,
por ejemplo, un, dos, tres...responda otra vez, "el periodismo deportivo realizado por mujeres", pero es que yo, personalmente, no me siento más representada como mujer en la sociedad porque una retransmita un partido
de futbol. El mundo que conocemos está condicionado por una mirada muy particular y yo puedo asegurar que no tiene ¡NADA QUE VER! con la mía.
El mismo pero surgió cuando inicié mi caminar en la vivencia del concepto Familia, Pareja, Maternidad, Amistad, Amor, Trabajo, Círculos de Mujeres, Sociedad, Meditación, Camino Espiritual...etc, etc, etc. No me veía. No veía un reflejo con el que me sintiese identificada. Así que cuando encuentro mujeres y hombres que hablan en público como hablan en privado (consigo mismos o con otros) me siento ligeramente esperanzada (*).
RSB
(*) Esperanza - Estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible. Ya sea a partir de un sustento lógico o en base a la Fe, quien tiene Esperanza considera que puede conseguir algo o alcanzar un determinado logro. "...cualquier fe es una forma de ceguera. Cuando decimos: "La fe es creer lo que no vemos", en ese mismo instante la fe nos impide ver lo que vemos..." -J.L. Sampedro
Tiene el pelo largo y teñido de rosa y le gusta ponerse diademas con flores y mariposas. A veces me persigue por la residencia contándome sus dolores para que la dé "alguna pastillita de esas". Me enseñaron a no cuestionar cuando alguien te dice "tengo dolor". Me dicen que lo hace porque soy
"la nueva" y todavía no me conozco "las manías" de cada uno de los residentes para llamar mi atención. Me cuesta decir residentes y no pacientes. ¿Será que en el hospital lo que se pide es que desarrolles la paciencia y en las residencias que aprendas a considerarlas tu casa?. El caso es que me resisto
a no escucharla porque, digo yo que, aunque no haya dolor físico,
cuando alguien te solicita es que algo necesita. Puede que tú tengas algo
que pueda aportarle alivio o...quizás...lo tenga ella para ti.
Emilia y yo nos miramos el primer día y...nos sonreímos. No puedo negar que su pelo rosa y su aspecto de pequeña hada del bosque me llamó poderosamente la atención. En ciertos momentos uno aprende a localizar rápidamente a las personas o los espacio-tiempo que podrían significar "casa" para ti. Es como cuando la gente recurría a las Iglesias buscando "Acogerse a Sagrado". Hasta que no te encuentras perdido o en estado de inanición
no aprendes a recurrir a ello. Porque en todos los lugares que transitan
nuestro Cuerpo, por muy extraños o extranjeros que te parezcan,
siempre encuentras algo de ti, entrelazado en ellos.
Ayer vino su hijo, el que vive y trabaja en "el extranjero". Fueron a comer y
al regresar la descubrí radiante. Me detalló todos los pormenores del encuentro. "Estoy agotada pero feliz", me dijo con su sonrisita. No se acordó de pedirme "la pastillita esa". La acompañé a su habitación. Nunca antes había traspasado la puerta. Me encontré rodeada de muñecos. Muñecos en su cama, muñecos en las estanterías, muñecos en la cama de su compañera. Parecía la sección de juguetes de un gran almacén. Viendo mi cara de sorpresa rió y
me explicó,
"de niña nunca tuve muñecos. Fuí niña en la guerra. Mis padres se quedaron
sin nada y yo, siendo consciente de nuestra necesidad, le pedía a los Reyes Magos que me trajesen un muñeco por Navidad. Un día mi madre recogió
un muñeco de la basura; lo limpió, lo arregló y me lo regaló. Todos los años
hacía como que se perdía y me volvía a regalar el mismo muñeco con un traje nuevo que ella cosía. Así que cuando tuve oportunidad comencé a regalarme muñecos hasta hoy. Me siento acompañada por ellos". Me dejó sin palabras.
Le dí un beso de buenas noches y me fuí a "casa" con su sonrisa, su madre y con sus "muñecos de Navidad".
Se muere mal en España. Pero decir esto es políticamente incorrecto.
No solo porque a una la pueden acusar de ser una de esas "enfermeras asesinas" como me pasó hace unos años en una selección de Equipo de Cuidados Paliativos en la que ya habían "elegido previamente" al candidato y en la que no se les ocurrió otra cosa que decir durante la entrevista que esto para descartar "el mejor CV de los que se presentaban" (expresado así por uno de los "seleccionadores"); no, no solo por eso. También por los muchos que mueren en circunstancias tan trágicas en países no tan afortunados como el nuestro. Porque sí, eso es lo que creo: somos afortunados; pero también
veo esto: se muere mal en España.
Se muere mal en España porque a pesar de la Ley aprobada el 9 Marzo del 2017 en la Comunidad de Madrid y de los muchos años de esforzado y entregado "trabajo" de numerosos Equipos de Cuidados Paliativos en todo el territorio español de los que puedo dar fe por haber formado parte de alguno de ellos, todavía, hoy, se muere mal en España. Y se muere mal porque muchas personas, muchos sanitarios, no son conscientes de lo Sagrado de la Muerte tanto como de lo Sagrado de la Vida. No son conscientes, como dijo Rosa Montero en su libro "La ridícula idea de no volver a verte" dedicado a su pareja muerta y a Marie Curie, de que "solo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina. Cuando un niño nace o una persona muere, el presente se parte por la mitad y te deja atisbar por un instante la grieta de lo verdadero: monumental, ardiente, impasible. Nunca se siente uno tan auténtico como bordeando esas fronteras biológicas". A día de hoy, todavía, una tiene que presenciar en los hospitales como el miedo de las familias y de los sanitarios le roba, literalmente le roba, ese Momento Sagrado al que "muere".
"Mi posición era la de tímida y humilde oyente; no tenía la edad ni el aplomo para enfrentarme a ellos...; yo estaba con la boca abierta dentro de ese grupo de personas brillantes y dotadas (...). Hoy no pertenezco a ningún grupo; pinto lo que se me ocurre y se acabó" - Remedios Varo
Esta mañana por un momento detuve mi acostumbrado rápido caminar por el hospital para leer un cartel que ocupaba toda una pared de la planta de
Cirugía Cardíaca. "Nuestra recompensa es la satisfacción y el bienestar de los pacientes"
Así rezaba el encabezado del cartel. A alguien se le había ocurrido reunir varias cartas de felicitación al buen hacer del personal de la planta. La verdad es que me emocionó leer algunas frases dichas desde ese lugar verdadero, directo y generoso en el que te coloca elagradecimiento sincero; aunque,
a continuación, y sin solución de continuidad, otra voz en mí también pensó que sería interesante y hasta "divertido" poder leer un póster, justo al lado del otro, de las quejas o denuncias escritas por aquellos familiares y pacientes no tan contentos con nuestro no siempre buen hacer o, quizás, sí buen hacer, pero no dentro de las expectativas generadas. Hablaría no solo acerca del que escribe, también de lo que se espera y no se recibe. Pero no fue solo eso en lo que me detuve a meditar...también me fijé en que cuando agradecían el trabajo de un médico escribían "al Dr Fulanito de Tal" con nombre y apellidos pero cuando era el de una enfermera (*), una auxiliar, un celador o el personal de limpieza entonces no había nombres y apellidos era un agradecimiento "al personal de". Un ente grupal y abstracto. Me hizo gracia. Me hizo gracia que en un mundo en el que parece tan importante figurar para pasar a la posteridad, "llevarse el gato al agua" o descubrir la propia identidad y algo de autoestima, unos cuantos nos hayamos puesto de acuerdo para hacer algo medianamente "en condiciones" sin necesidad de protagonismo alguno. Puede que alguno quizás se haya sentido poco reconocido. No es mi caso. Porque creo que más allá de pertencer a un grupo para encontrar lo que aún no se ha conseguido desarrollar por sí mismo o rechazar el grupo para vivir y experimentar la propia individualidad, existe otra realidad que es la de regresar sabiendo ya quién es quién.
(*) Me disculpen l@s amantes del doblete de género en los nombres. Para mi gusto es algo agotador (y mira que lo he intentado) así que lo escribo según me sale o según sea el género dominante a día de hoy. Seguramente en algunos casos ellos serán los perjudicados y en otros, lo serán ellas.
RSB
"En esos primeros días de lo que se vendría a llamar el nacimiento de la tanatología, o estudio de la muerte, mi mejor maestra fue una mujer negra del personal de limpieza. No recuerdo su nombre, pero la veía con regularidad por los pasillos, tanto de día como de noche, según nuestros respectivos turnos. Lo que me llamó la atención en ella fue el efecto que tenía en muchos de los pacientes más graves. Cada vez que ella salía de sus habitaciones, yo notaba una diferencia palpable en la actitud de esos enfermos. Desee conocer su secreto. Muerta de curiosidad, literalmente espiaba a esa mujer que ni siquiera había terminado sus estudios secundarios, pero que conocía un gran secreto. Un día se cruzaron nuestros caminos en el pasillo. De pronto me dije lo que solía decir a mis alumnos: "Por el amor de Dios, si tienes una pregunta, hazla". Haciendo acopio de todo mi valor, caminé decidida hacia ella, de manera algo agresiva tal vez, lo cual de seguro la sobresaltó (...) me contestó como si hubiese leído mis pensamientos: -Verá, la muerte no es una desconocida para mí. Es una vieja, vieja conocida. Me sentí como la alumna ante la maestra. -Ya no le tengo miedo - continuó en su tono tranquilo y franco. A veces entro en las habitaciones de esos enfermos y veo que están petrificados de miedo y no tienen a nadie con quien hablar. Me acerco a ellos. A veces incluso les toco la mano y les digo que no se preocupen, que no es tan terrible. Después se quedó en silencio." LA RUEDA DE LA VIDA de Elisabeth Kübler-Ross
UNA SONRISA Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho Ella enriquece a aquellos que la reciben Sin empobrecer a aquellos que la brindan Solo dura un instante Pero su recuerdo es a veces eterno Nadie es bastante rico para prescindir de ella Nadie es lo suficientemente pobre para no merecerla Ella crea la felicidad en el hogar Es el signo sensible de la amistad Una sonrisa le brinda reposo al ser cansado Brinda valentía a los más desanimados No se puede ni comprar ni prestar, ni robar Ya que es algo que solo tiene valor A partir del momento en que se da Y si a veces se encuentra Ud. con alguien Que ya no sabe sonreir Sea generoso, dele la suya Ya que nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa Como aquel que no puede darle una a los otros. Poema Anónimo
"...creo fundamentalmente que el hombre es libre. Pero esa libertad está condicionada por los genes y por las circunstancias en que se nace. Estas dos coordenadas, la natural y la cultural, son las condicionantes de la libertad humana, y en cierto modo tienden a prefigurar, en alguna medida, la tendencia vital de cada persona. Pero dentro de esas dos coordenadas que condicionan negativamente, excluyendo lo que no se puede ser, creo que el hombre tiene una libertad profunda. Una libertad que consiste, no tanto en poder conseguir en cada momento lo que quiere, sino en perseguir en cada momento lo que él cree que es su camino, lo consiga o no, y en dar sentido a todo lo que sucede...
...libertad solidaria...en verdad, el modelo economicista liberal está agotado, pero más a fondo de lo que ellos creen: en sus cimientos. Sus valores impulsores que, tres siglos atrás, engendraron fuerzas creadoras, ya no sirven, porque hoy aquellas fuerzas se enfrentan con una terrible barrera: física, pues el derroche de recursos tropieza con los límites del planeta; política, porque el Tercer Mundo ya no acepta la explotación; y psicológica, pues el desalmado sistema reduce al hombre a mero productor-consumidor. Porque el progreso colectivo no ha venido, ni vendrá nunca, de la falta de amor, de los egoísmos individuales en lucha. La historia exige hoy, entre otros cambios, sustituir el individualismo por una organización social basada en la solidaridad espontánea y no en la agresiva competencia. El hombre sólo es humano en sociedad y sólo es libre cuando todos lo son...
...cierto que el capitalismo optó por la libertad y favoreció la de muchos, pero a costa de la desigualdad; cierto también que el mundo comunista (que acabó siendo capitalismo de Estado) optó por la igualdad, pero a costa de muchas libertades. En profundidad, ¿en qué sociedad moderna se han instaurado la fraternidad y la solidaridad?. Se dirá que es una utopía, pero vivir sin utopía es vivir desnortado, sin referencia última..."
JOSE LUIS SAMPEDRO -Escritor. Humanista. Economista-